De este lado de la muerte.

Muchos años

después

de tu partida

te encontré

de este lado

de la muerte.

Dijiste que te ibas

de nuevo,

que morías

de nuevo.

Resulta

que tu ausencia

se transforma

en deseo

y la muerte

nos persigue

a los dos.

Dijiste que él

ya había nacido.

Lo encontré,

y ahora qué hago.

No lo dejes

entrar

a la muerte.

Niebla

En la niebla

confundí mis manos.

No supe

cuál era la izquierda,

cuál la derecha.

Y mis zapatos se mojaron

con una humedad podrida.

Y mis pies se impregnaron

de la negrura del barro.

La izquierda es la derecha,

la derecha es la izquierda.

Con cuál mano escribo?

La derecha es la izquierda,

la izquierda es la derecha

bajo la niebla,

esa frazada

de lana virgen.

No puedo verte

No puedo verte siempre

y por eso lloro.

Camino y lloro

y la gente me pregunta

qué me pasa

y les digo

que es porque no puedo

verte siempre,

que sólo a veces

y eso duele.

Me dicen que no te vea

y yo me arrodillo

y se me desgarran

las rodillas.

Y el sol evapora

mis lágrimas

que dejan un residuo

salino que quema

los ojos.

Arden los ojos,

las rodillas arden.

Que deje de llorar, dicen.

Pero no puedo verte.

Por dinero

Te vendés por dinero y está bien.

Por qué otra cosa

podría uno venderse?

La gente ha hecho cosas peores

y hoy está bien visto

pasar hambre.

Yo que vos, sin embargo,

no trabajaría.

Usaría

la necesidad

para venderme

por dinero.

Eco violento

Me atrinchero detrás de las palabras,

tienen un eco violento.

Aquel que defiendes no te ama:

no es capaz de amarte.

Tu puntería se equivoca:

habla mal de vos a tus espaldas

y le das asco,

y te mataría si pudiera:

no te necesita.

Las que odian a los hombres

quieren que denigres

al fruto de tus entrañas,

que lo maldigas,

sólo así estarán satisfechas.

El modelo se copia

incluso cuando no

quiere copiarse.

El que no llora

El que no llora

no mama

y yo lloro

pero

no mamo

la teta de la censura

que no alimenta.

Dijiste que no los dejarías

entrar, pero entraron igual.

Y ahora la censura,

de quién a quién.

Yo hablaba ese idioma,

mamaba ese idioma,

lloraba ese idioma

y amaba ese idioma.

Ahora el idioma te odia

y te mata de hambre.

Y llorás y llorás

pero no mamás nada.

Y gritás y gritás

pero de tu garganta

no sale el idioma

permitido,

el de ahora,

el de la vanguardia.

Ahora estás condenado

a amar en otro idioma.

Kitsch

Las urgencias estéticas

deben ser atendidas.

El Kitsch es un oasis analógico

en el desierto de la tecnología.

La modernidad

es un imperativo

desactualizado:

engendra criaturas

que viven poco

y son reemplazadas

rápidamente

por otras criaturas.

El Kitsch es la única

preservación estética

de lo humano.

La humanidad

se sumerge aliviada

en el formol del Kitsch

y las emociones

se conservan

en la misma sustancia

que conserva a los muertos.

La herida ajena

Existe una profesión

que consiste en merodear

allí donde está el dolor.

El dolor nuevo

y el que ya existía

son dos especialidades

diferentes.

Lo ajeno

es más ajeno

cuando se trata

de dolor.

Uno puede hurgar

la herida ajena

sin anestesia.

La otredad misma

anula las terminaciones

nerviosas

y eso permite

extirpar

la causa

del dolor.